Procesos
de una consultora
El
primer paso del proceso de consultora es establecer el alcance del trabajo,
para lo cual algunas empresas ofrecen a sus clientes un catálogo base de
servicios y los entregables asociados, mientras que otras personalizan sus
servicios de acuerdo a los requerimientos del cliente. Cualquiera que sea el
caso, lo importante es proveer el servicio necesario para alcanzar los
objetivos y hacer saber al cliente, en caso de incluirlo en el alcance, los
elementos que pueden ser deseables pero no indispensables.
Luego
el profesional debe evaluar si está capacitado para realizar la tarea y, en
caso afirmativo, elaborar su propuesta técnica y económica, para lo cual
realizará una estimación razonable de los recursos que empleará, definir tiempo
necesario y, con base en ambos elementos, tiempo y recursos, estimar el monto
de sus honorarios profesionales. Algunas empresas que no realizan este
ejercicio a conciencia sobre comprometen su capacidad productiva, con las consecuencias
que veremos más adelante.
La
propuesta, que debe ser clara y completa, detallará el servicio a prestar, los
resultados que obtendrá el cliente, los productos tangibles que recibirá, el
plazo estimado para su producción e idealmente cuál será la participación del
cliente, por ejemplo para aprobar productos intermedios, de forma que se cumpla
con los servicios de consultora a cabalidad. Los tangibles pueden incluir
informes de estudios básicos y preliminares, anteproyectos, planos
constructivos y especificaciones técnicas, presupuestos.
Debe
indicar el monto total de los honorarios con un desglose adecuado, los
adelantos, en caso de ser requeridos, y la forma de pago. Es recomendable que
la propuesta defina explícitamente lo que no se incluye y brinde las bases
necesarias para la estimación del costo de los servicios adicionales que puedan
ser requeridos.
Esta
información permitirá al cliente seleccionar al equipo de consultor quienes
seremos nosotros, el que debe tener presente que la aceptación de su propuesta
por el cliente es una demostración de confianza en la capacidad, conocimiento,
experiencia y buen juicio del ingeniero o arquitecto que brindará el servicio.
Una
vez aceptada la propuesta se formalizará el acuerdo mediante un contrato, que
establecerá por escrito el alcance de los trabajos y las obligaciones,
responsabilidades y derechos tanto del cliente como de nuestra consultora tras
lo cual comenzará la prestación del servicio, en el cual como consultoras debe
regir su comportamiento por las más altas normas de conducta profesional,
actuando en el mejor interés del cliente.
El
profesional no puede perder de vista que, como experto, debe dejar muy claro al
cliente qué es lo que espera de él, para dejar en claro los roles y
responsabilidades de ambos, lo que le permitirá prestar el servicio de la mejor
forma, por ejemplo: brindar información y retroalimentación, participar en
reuniones, comprender y aprobar el anteproyecto, conocer lo que implican las
decisiones que se toman y los cambios que se solicitan, etc.
Todo
consultor debe:
- Actuar con lealtad hacia el cliente que
le ha brindado su confianza.
- Poner sus máximos esfuerzos y recursos
para brindar un trabajo de excelencia a su cliente.
- Tener independencia respecto a otros
actores que puedan comprometer la objetividad de su juicio.
- Respetar, en tanto no afecte su dignidad
o ética, las reglas fijadas por el cliente para el desarrollo del trabajo
encomendado.
- Garantizar la confidencialidad de los
estudios realizados y guardar estricta reserva sobre la información
aportada por el cliente y los resultados del estudio realizado, salvo
expresa autorización en contrario.
- Rechazar cualquier ventaja, retribución
o comisión de terceros que tengan algún interés en el resultado del
estudio.
- Abstenerse de realizar acciones o emitir
declaraciones que puedan dañar los legítimos intereses o la reputación del
cliente.
- Hacer entrega formal al cliente, para su
aprobación, de cada una de las diferentes etapas del trabajo contratado.
- Informar al cliente sobre los alcances y
trascendencia de los resultados obtenidos y su relación con los objetivos
fijados por él.
- Cumplir con las normas legales y éticas
vigentes.
Entre
las responsabilidades del cliente podemos citar:
- Establecer con claridad al consultor el
alcance del trabajo.
- Precisar qué espera del trabajo
solicitado.
- Proveer al consultor la mayor cantidad
de información necesaria para llevar a cabo el estudio requerido.
- No entorpecer ni coaccionar la labor del
consultor por razones ajenas al interés del proyecto.
- No variar las indicaciones dadas o
aceptadas por él, que forman la base del trabajo que desarrolla el
profesional.
- Mantener la necesaria comunicación con
el consultor durante el desarrollo del trabajo.
Comunicación
fluida
Otro
elemento que favorece la prestación del servicio es definir los aspectos
relativos a la comunicación, como la forma y la regularidad de las
comunicaciones, las reuniones de seguimiento, la documentación mediante
minutas, los reportes de progreso, etc. Esto permitirá que todas las partes
estén informadas y que sus requerimientos de información sean satisfechos,
además de dejar el proceso adecuadamente documentado.
A
medida que desarrolle su tarea, el consultor debe comparar lo planeado con la
ejecución real y tomar las acciones necesarias para minimizar la brecha. Debe
ser explícito y transparente para comunicar al cliente los obstáculos o
problemas que, en forma puntual o sistemática, puedan afectar el desarrollo del
proyecto. Tras elaborar los distintos productos entregables, los someterá a la
aprobación del cliente y gestionará la retroalimentación, ya sea para recibir
la aprobación o la solicitud de ajustes o modificaciones. Una vez entregados
todos los productos del servicio contratado, se dará por finalizado el
servicio.
Otros
procesos
Otra
recomendación que el ingeniero o arquitecto debe tener presente es utilizar,
hasta donde sea posible, datos y no especulaciones para la toma de decisiones.
Esto es particularmente importante para reducir al mínimo los niveles de subjetividad.
Es
deseable que durante la prestación del servicio, o al menos al finalizar este,
el cliente realice una evaluación, cualitativa o cuantitativa, del desempeño
del consultor, mediante un formulario diseñado para esos efectos o solicitada
mediante una carta, correo electrónico u otro medio. Esta evaluación permitirá
al ingeniero o arquitecto saber cómo fue percibido el servicio por el cliente y
le brindará la oportunidad de generar mejoras para aplicar en proyectos futuros
de consultora.